
A las mamás que haya en la familia...
y a las que ejercen de..., también!
Si supiéramos realmente lo que significamos para esos enanos que crecen sin pedir permiso, creo que nos asustaríamos. Hemos recibido el maravilloso privilegio de ofrecer nuestro cuerpo y también, y nada menos, nuestra alma para que vayan creciendo de a poco y se puedan ir soltando de la mano lenta, muy lentamente.
No nos apuremos a dejarlos volar,
pueden llegar a golpearse demasiado fuerte...
No les sostengamos las manos si ya están listas para partir,
pueden llegar a bajarlas...
Disfrutemos de verlos volar alto; buscando más allá del Cielo, la esencia del ser que llevan dentro, como criaturas que son.
Y gocemos de sus mimos, sus logros, sus miradas cómplices...
que nuestra mayor realización es verlos ser "grandes, personas de bien".
Luego permitámonos descansar, al sol, bajo la sombra fresca de los árboles, o tal vez detrás de la ventana mientras llueve afuera y nos preparamos el mate, o un té.
Queridas, la felicidad no está en las luces de los shoppings, ni en los espejitos de colores que pasan velozmente por las publicidades de cualquier lugar. La felicidad está en saber que hemos hecho lo mejor que pudimos, la más hermosa de las misiones de nuestra vida. Ya podemos descansar con un buen libro, la revista que más nos gusta o poner la música más divertida y comenzar a danzar, así no más, como nos sale, bailar y cantar; que la marquesina de nuestro espectáculo nos anuncia como protagonistas y todos nos aplaudirán este domingo. ¡MERECIDÍSIMO!
¡ Feliz día!!
Cristina
PD: Gracias Hija por permitirme disfrutar de tus hijos!


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